Reflexiones sobre un “pecado”

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Eligió ser prostituta cuando tenía 29 años. Hoy tiene 50 y ejerce su trabajo con convicción. Pero no de cualquier modo. En un ambiente donde triunfa la clandestinidad y el anonimato, Montserrat Neira pone su cara y alza su voz. Trabaja para que la prostitución se vea como una profesión digna. Se desvía de la moral convencional y, según su testimonio, eso la transforma en una mala mujer. Lo que no significa mala persona, aclara. Con su activismo apoya asociaciones de mujeres en situación de trata. Y a contracorriente, reivindica. Una trabajadora sexual que desdibuja el estereotipo de la prostitución.

Por Nina Raquel 

Pagar por sexo es una actividad popular en la Ciudad Condal.  Si bien está reconocida legalmente, su oferta callejera está sujeta a multas del Ayuntamiento, quien refuerza con control policial las zonas donde suelen verse prostitutas con regularidad, como el barrio del Raval. De acuerdo con la reglamentación, la pena se traduce en multas económicas. Las trabajadoras deben pagar entre 100 y 350 euros, mientras que los clientes que negocien con ellas tendrán cargos desde los 1.000 hasta los 1.500 euros, dependiendo de distintos agravantes externos como la cercanía a un centro educativo. De acuerdo con publicaciones de medios locales, en el primer cuatrimestre de 2013, la Guardia Urbana puso 1.118 denuncias por ofrecer, demandar o mantener relaciones sexuales en la vía pública. Desde la perspectiva de Neira, la lección está en reconocer que las cosas deben cambiar y que tanto los prejuicios como los tabús no desaparecerán simplemente porque no queramos verlos ni hablar de ellos.

“Quería que se conociera mi historia y cómo me enfrenté a mis miedos, mi vergüenza y mi culpa. Que se viera que la prostitución permite desarrollarse como persona, permite el ascenso social y puede dar las oportunidades que otras circunstancias no dan”. Ella nació en una familia de pocos recursos y, según cuenta, la vida le ha costado mucho. Aunque siempre tuvo interés en realizar estudios profesionales, no pudo concretarlo hasta los 40, cuando se licenció en Ciencias Políticas y Administración en la Universitat Autònoma de Barcelona. A pesar de poseer su diploma, nunca dejó de ejercer su trabajo sexual, actividad que aún hoy le brinda la gran mayoría de su dinero mensual. Dice tener claro su objetivo: construir un nuevo paradigma, puro y despejado de prejuicios morales. Que una prostituta no difiera de una mujer corriente. Estudia, construye su familia y trabaja. Con esta filosofía, el año pasado publicó su primer libro. La Mala Mujer es el testimonio de su vida. Escrito en primera persona, el relato ubica el ejercicio de la prostitución como una herramienta de cambio social, dado que fue a través del dinero que ganó con este trabajo que pudo progresar en materia educativa y dotar de mayores beneficios a su familia.

Neira reconoce que el estigma del oficio hace que muchas mujeres lo oculten entre sus allegados. Y lo tiene muy claro porque esa fue su historia. Durante 15 años llevó una doble vida hasta que en un momento decidió que era justo asumir su presente con dignidad y dejar de someterse a los juicios morales de los demás. De acuerdo con su opinión, la vergüenza y el miedo a los juicios sociales influyen en el ejercicio secreto de esta ocupación; especialmente cuando se vive en un contexto donde la mayoría de las mujeres están sometidas a explotación sexual o son víctimas de la trata de personas.

El trabajo sexual reivindicativo, realizado por mujeres conscientes de sus derechos y de la necesidad de combatir la discriminación social de su ocupación, es, desafortunadamente, una excepción. Neira tiene esa premisa clara y, en función de ello, decidió salir de la clandestinidad para luchar por el reconocimiento de sus derechos, como ciudadana y también como profesional que ha elegido este trabajo para ganarse la vida. “Soy mala mujer, porque voy contra el modelo hegemónico, pero no soy mala persona”, comenta.

Sin dejar de mencionar el apoyo que da a iniciativas de mujeres que se encuentran en situación de riesgo, trata y/o explotación sexual. De acuerdo con declaraciones que realizó en medios internacionales, las recaudaciones económicas obtenidas con su libro, las reparte entre asociaciones que apoyan a mujeres rescatadas del negocio de las tratas y a las que se encuentran en condiciones vulnerables.

El activismo de Neira se retroalimenta de forma regular desde su blog personal. Desde 2010, escribe para todo aquel que esté interesado en asuntos de prostitución y sus distintas visiones. De forma paralela también maneja otros dos sitios webs donde ofrece sus servicios sexuales. “Yo no he trabajado nunca en la calle. Mi experiencia es en pisos, sitios a pie de calle, locales de alterne, clubs de carretera y, en los últimos años, como autónoma en mi propio apartamento.” Entre fotos provocativas y opciones de sitios para concretar cita, ella desnuda de forma inequívoca la otra cara de su personalidad: su faceta como prostituta, tan activa y real como su perfil de reivindicadora social.

“La gente que me ama me tiene que aceptar como soy”, asegura y augura que la sociedad se despegará de los tabúes que arrebatan la dignidad de las personas.Enlace para la compra del libro La Maja Mujer

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